¿Por qué querer formarse en la práctica de filosofar con las infancias?
Son muchos los y las educadoras que quieren saber en qué consiste la práctica de filosofar con niñas y niños del jardín. En general se preguntan por el cómo más que por el por qué. Hay algo de esta propuesta que atrae a la vez que provoca cierta duda... ¿pueden los niños y niñas del jardín ser parte de experiencias filosóficas? ¿qué formación tiene que tener un educador o educadora para llevar adelante una propuesta como ésta?. Dos preguntas siempre presentes en los Talleres Docentes.
Los educadores y educadoras que buscan conocer una metodología apropiada para el desarrollo del pensamiento en los niños y niñas acceden a cursos/seminarios/diplomaturas de formación en el Programa Filosofía para Niños y a los recursos materiales adecuados para la práctica filosófica en el aula . La formación del docente en esta práctica no es algo menor, es imprescindible una formación inicial y continua que brinde la mayor cantidad de herramientas para hacerlo cada vez mejor. Con respecto al viejo debate acerca de si el/la docente de sala tiene que tener formación filosófica o no; creemos que si la tiene va a ayudar mucho a la práctica, pero sabemos que no es una condición necesaria para vivir la experiencia con las niñas y niños. Sí es condición necesaria tener un oído sensible, una escucha atenta y una mirada renovada hacia la educación y las infancias llevando al máximo su capacidad crítica, creativa y ética para pensar en propuestas que generen ricas oportunidades de aprendizaje en los niños y niñas del Jardín, confiando plenamente en sus capacidades de pensar mejor. Estos son los y las educadoras que se animan a vivir la experiencia de filosofar con otros y otras colegas a fin de construir colectivamente nuevos universos de sentido que amplíen los horizontes del enseñar y aprender. Quienes han participado de talleres u otras experiencias de pensamiento colectivo, se iniciaron en el recorrido imparable del ejercicio de la pregunta que se piensa con los demás, entendiendo que formarse en esta práctica desde un lugar de autenticidad que busca generar experiencia con y entre las infancias es una de las razones más visibles del por qué los y las educadoras eligen aprender a hacer filosofía en el nivel inicial. Ejercitar esta práctica dando lugar a la experiencia filosófica en las salas, nos lleva a tomar conciencia del acto de preguntar tan escolarizado que cotidianamente realizamos con los niños y niñas y el impacto que produce en el desarrollo del pensamiento infantil. En los talleres los y las docentes suelen preguntarse ¿quién soy? ¿para qué y por qué estoy aquí?. El preguntar-se-nos es un buen inicio para animarse a la aventura de crear conversaciones filosóficas en el Jardín.

